¿Qué pasaría si le dieran un lápiz a un desequilibrado mental?

sábado, 18 de agosto de 2012

La prueba del paciente K3e-5681 no resultó satisfactoria

La gallina que ponía huevos flotantes construyó una escalera de huesos; éstos pertenecían a aquellos que habían medido en palmadas al menos uno de mis fémures.
Ya las últimas chuletas, esquivando los picotazos, subían reptando sobre los peldaños óseos.
Entre los huesos astillados unas pelusas que me resultaban familiares animaban en agudísimos gritos ininteligibles.
La velocidad con la que mi ropa se deslizó hasta la escalera era equivalente al número de muertos dividido por sus huesos más el peso neto de la gallina.
Desde el final de la escalera, que no se veía, se escuchaba el jolgorio producido por el encuentro.
Eran ahora mis pelos los que en juguetones saltos la fintaban provocando una trémula nube de plumas.
Tan desnuda como yo, la gallina me miraba fijamente con ojos de trenes saliendo a toda máquina por dos túneles.
En mi turno de esquivarla me llevé tales picotazos que acabaron con mis pies; esta pérdida de equilibrio me llevó a besar el suelo.
Después de todo no era tan mala, pues con sus plumas cosidas tapó mis miembros inexistentes.

sábado, 4 de agosto de 2012

¿Era el cuerpo real o era un muñeco?

A Jacobo García Martín y Álvaro E. Vento Acosta 


Tres muchachos discutían en una pequeña cafetería donde una señora atendía a los cafés con leche que pedía un señor que salía del local para volver a entrar y volver a pedir otro.
- En mi funeral tendré que ser yo quien tapie la entrada de mi nicho. – decía uno de los muchachos.
- ¿Nichos? ¡Odio los nichos!
- Yo también los odio, pero si no tengo dinero para contratar a alguien para que me lo tapie, no puedo pretender tener una tumba con monumento.
- Pues a mí que me entierren en un mausoleo para mí solo, odiaría estar rodeado de gente para toda la eternidad.
- ¡Eso no pega con la estética de la ciudad! – gritó el que hasta ahora había permanecido callado.
- ¿Dónde han enterrado a Enrique Alcabia?
- Pues todavía lo andan paseando por la ciudad junto a gigantes y cabezudos.
- Pero según tenía entendido lo habían enterrado ya.
- Sí, pero lo desenterraron otra vez un grupo de contorsionistas.
- ¿Y no se ha descompuesto?
- Eso es lo más misterioso, sigue como si estuviera dormido. Completamente incorrupto.
De repente una puerta, que nadie sabía que existía, se abrió dentro del local, de ella salió un hombre que interrumpió al señor de los café con leche para pedirse un cortado, luego interrumpió a los muchachos:
- ¿Ustedes han visto a Elsa Lanchester?
- Va a salir en el siguiente capítulo.
- ¿Qué pinta Elsa Lanchester en el siguiente capítulo?
- Hombre, Enrique Alcabia como un monigote, Frankenstein…
- Sigo sin ver la relación.
- ¡Bueno muchachos! – exclamó el hombre – Me vuelvo a 1993. ¡Oh, no! Ahí vienen los niños de la secta.
- The children of the sect. – gritó una voz en off.
- ¿Y el cortado? – gritó la dependienta - ¡Este maldito señor del 93 siempre me hace lo mismo.
Casi al instante un grupo de niños comenzaron a golpear el cristal y a hacer muecas a los muchachos; uno de ellos intentó mediar con una de los pequeños, quien parecía la jefa del grupo.
- ¡Hola!
- ¡Hola! Somos los niños de la secta.
- The children of the sect. – volvió a gritar la voz en off.
- ¿Qué hacen por aquí?
- Venimos en busca de Enrique Alcabia, nuestros adultos nos han mandado a buscarlo, lo elevaremos a la mínima potencia para luego llevarlo debajo de la lengua. Nuestro sumo sacerdote dice que nos volveríamos invencibles.
- Pero Enrique Alcabia está enterrado.
- No lo está, lo sabemos; además, sabemos que pasará en breve por aquí.
La niña no terminó de pronunciar la frase cuando unos tambores comenzaron a sonar al final de la calle, pronto asomaron los primeros gigantes y cabezudos, malabaristas, equilibristas, funambulistas, periodistas, y demás personajes del circo tradicional.
- ¡Allí está! – gritó uno de los niños de la secta.
- The children of the sect. – gritaba por tercera vez la voz en off.
En el centro de la pintoresca procesión se veía a Enrique Alcabia enganchado en un complicadísimo aparato lleno de engranajes, cadenas y cuerdas, la niña que parecía mandar entre los demás niños de la… señaló al cadáver y al instante los demás niños salieron corriendo en estampida hacia aquel alegre pasacalles. Los payasos fueron atacados, los trapecistas mordidos, los trompetistas escupidos…
Finalmente los niños de la secta se hicieron con el cadáver incorrupto, después de vapulear a la pobre banda circense, llevándoselo en volandas, zarandeándolo por el camino como si fuera un monigote.
Pasaron varios segundos y apareció otra procesión en contra dirección a la anterior llena de curas, monjas y beatas, estaba liderada por el obispo que en calzoncillos gritaba:
- ¡Enrique Alcabia debe ser santificado!
- ¡Luchemos por él! – gritaba una señora.
- ¡Crucifiquémoslo! ¡Qué no se lo lleven esos herejes! – gritaban voces inconcretas.
Viendo que habían llegado tarde, pararon todos en seco y después de algún que otro quejido y suspiro lastimero se fueron a la iglesia más próxima.
- ¿Y ahora todo esto quien lo limpia? – le preguntó una señora bajita y gorda a los tres muchachos, que habían salido a ver el altercado.
- ¿Qué dice señora? – preguntó el de actitud más brusca.
- Mira como me han dejado la acera, y la calle y los coches, tendré que barrer yo, porque si no, no sé quien lo hará.
La señora se fue barriendo con un escobillón que nadie sabía de donde se había sacado, mientras que con el palo golpeaba a todo aquel que se le pusiera delante y le impidiera seguir realizando su tarea.

sábado, 28 de julio de 2012

Canto panorámico del fluido anquilosador




Aquella chalana portuguesa
 utilizaba como pandullo
las cabezas cortadas de todos los alcaldes.
Nadie sabía
que entre las astillas vivían pescadores jóvenes;
estos habían engordado antes de aprender
a llenar el cubo de salemas.

…seguían besando el suelo,
interrumpuendo sus acciones cotidianas
como cada día
en el atardecer;
ella se removía de placer
al ser roída por todos.

Aquella chalana portuguesa
utilizaba como engodo
una doncella desnuda amarrada por las piernas;
intentaba atraer a los meros encapuchados.
Nadie sabía que no era virgen
pero todos los hombres con los que estuvo
acabaron devorados.

…seguían besando el suelo,
inevitablemente tenían que hacerlo;
pocos podían salir corriendo,
pero estos estarían toda su vida
con dolores de estómago
si no recaían.

sábado, 21 de julio de 2012

La comparación no era el peor de los males


Era la hora de los visitantes. Entraron entre empujones y gritos como si el día de mañana estuviese sobrevalorado.
¡Nadie conoce a nadie! – gritaba sólo con la intención de espantarlos.
Me vieron. Se calmaron. Se acercaron. Tocaron mis muñones. Ninguno quería decir la relación entre el hombre con cara felina y el de gabardina. Escribían el nombre de sus amantes rodeados con un corazón en el muslo que ya no tenía.
¡Nadie conoce a nadie! – susurraba sólo con la intención de infundirles piedad.
Era todo una fiesta a mi costa, ellos reían junto a mis miembros invisibles. Allí estaba él, de cuclillas a mi lado, sonriendo, mientras sostenía la cachimba en la mano. Entonces fui yo el que reía a pesar de que ellos habían parado ya.
…porque nadie conoce a nadie, ni siquiera a los que vienen con tarjeta de invitación.

sábado, 7 de julio de 2012

Moscas como baúles y a veces como órganos


Corría a velocidad dimensional, mientras un Cristo desclavado perseguía ansioso mis pasos.
Abriendo una puerta, intentó detenerme el hombre de 1993.
Varias copias mías paseaban por el mismo parque sin inmutarse ante mi huida.
Los tres clavos mataron a tres de mis réplicas y la cruz atontó a uno; puede que de ahí vengan los problemas.
Encogiendo el riñón pude esquivar la corona de espinas.
Cuando pensé que me alcanzaba mis pies comenzaron a crecer desde la almohada; por una trampilla o una colcha volví sudoroso a mi habitación.